Post dedicado, con mucho amor, a esa persona que me escribió contándome cómo se sentía de agotada por esos lastres que arrastraba, y que ya le habían consumido toda su energía y su fé en las personas.
RC
En la cúspide de una montaña; en el lugar más alto e inaccesible El Águila, cansada, recoge sus alas.
Después de cuarenta años su vuelo se ha vuelto cansado… Sus plumas,no soportan ya apenas la embestida de los vientos; sus garras, en otros tiempos afiladas y duras, son ahora débiles fragmentos de uñas que se doblan y se quiebran y se tornaron ineficaces para la caza… Su pico, antes erguido, se va curvando contra su mismo pecho…
Día tras día Ella ha intentado seguir alimentándose como antes; pero las cosas han cambiado, no son ya como antes; el tiempo… el tiempo ha pasado, y la misma Naturaleza, dicen que sabia, y todo a su alrededor, la va tratando de convencer que ya, sin alimento, solo le cabe esperar a la muerte… Y por eso, hambrienta, el águila recoge sus alas en lo más alto e inaccesible del peñasco, y cerrando los ojos, se repliega en sí misma, en busca de su propia Naturaleza, ó esencia soberbia y brava, y su propia sabiduría, que de alguna manera es seguro que habrá ido adquiriendo a lo largo de estos cuarenta años que han pasado.
Busca y encuentra allí, que entre sus plumas le pesan muchas verdades; muchas que estaba segura que no creía; que nunca creyó, sin estar segura ¡que no eran suyas! allí reconoce la moralidad… Con sus debería, que son lastres pesados que nos colocan los que se creen en posesión de la verdad absoluta, y que a cierta edad, ya pesan demasiado…
Pero el águila profundiza más en sí misma… y allí dentro recuerda también a esas otras águilas viejas, que le precedieron, y que a ella, de pequeña, tanto le gustaba contemplar volando, llenas de majestuosidad y brío pese a sus años,.
Allí, dentro de ella… Ella lo sabe.
Sabe cuántas veces las ha visto volar veloces, cazar ¡certeras! ¡Letales!
Ella ha visto ejemplares águilas de cuarenta, cincuenta ¡60 años! atrapando sus presas con la experiencia de sus años, y el vigor de las más jóvenes.
¿Cómo?
¿Cómo lo lograron seguir viviendo, cuando a ella su cuerpo agotado solo le pide morir?
Ella, cierra los ojos, porque alli dentro lo sabe…
Sabe que Ella, otras no lo sabe, pero Ella, Ella sabe que:
¡¡ELLA tiene dos opciones!!
Una sería… Dejarse llevar… abandonarse…
Dejarse invadir por la inmovilidad física y la imposibilidad en donde la postra el estado de cuerpo, y, efectivamente rendirse a morir…
pero hay otra posibilidad para un Ser de su temple y su valentía, que no nació para dejarse llevar en manos del destino ni del dolor, ó la tristeza, y sabe que ha llegado el momento de tomar una decisión determinante…
Porque para alguien como ella, de su casta y su naturaleza
¡¡Existe una segunda posiblidad!
¡Ahora Ella abre los ojos!
Abre los ojos determinada a una sola cosa:
¡¡RENOVARSE!!
¡¡RENOVARSE, Ó MORIR!!
Se estira hasta alcanzar el paredón de una roca, y primero muy poco a poco, y después con movimiento ritmico y repetitivo, ¡comienza a chocar su pico contra la dura piedra, haciéndolo estallar una y otra vez contra ella, como si se tratara de un escultor que, seguro de lo que tiene que hacer, moldeara, tallara, ¡esculpiera incansable su mejor obra!
Con cada golpe el dolor es mayor.
El dolo aumenta en cada golpe, hasta que su pico comienza a resquebrajarse; hasta que su viejo pico amarillo, pedazo a pedazo, ¡Cae del todo, al fín!
Y tras este proceso que dura ciento cincuenta y pico largos y dolorosos días, pero necesarios absolutamente, para que lo sustituya uno nuevo, con el portentoso pico que nacerá, ¡se arrancará una a una, toooodaaaas sus alas y tooodas sus uñas! De donde brotarán también uñas nuevas y nuevas plumas.
El águila, se deshará de todo cuanto le impide seguir viviendo, sin importar lo doloroso que resulta, porque el águila sabe que se encuentra, apenas, en la mitad de su vida, y que solo así ¡podrá vivir 40 años más todavía sin perder su valor y su majestuosa dignidad!
Y tras los 5 meses que suele durar este proceso de renovación, ahora se soma, bien orgullosa y segura a lo alto del peñasco, y con su elegante pico afilado, ¡Se alza sintiendo la fuerza del viento!
Su hermoso y brillante plumaje, ¡¡luce bajo el sol del nuevo día!!
Sus flexibles y duras garras, se doblan lentamente y… Con un solo movimiento:
¡¡EL ÁGUILA SALTA Y EMPRENDE SU MAJESTUOSO VUELO!!
Llega un momento en la vida, cuando alcanzamos cierta madurez y cierta sabiduría, que solo es posible cuando se ha vivido por bastante tiempo, y se ha aprendido a base de esfuerzo, y de golpes y embestidas, a levantarnos, curarnos las heridas y mantenernos por nosotras mismas y hemos conquistado alguna que otra cima de las más altas, que
NECESITAMOS DESHACERNOS DE MUCHAS COSAS QUE NOS IMPIDEN RECOBRAR LA ENERGÍA Y EL DESEO DE SEGUIR ALCANZANDO Y CONQUISTANDO NUEVOS CIELOS Y DIFERENTES HORIZONTES.
Deshacernos de hábitos y costumbres, y recuerdos, que no nos sirven y que no son más que lastres que refrenan nuestro vuelo y no nos permiten realizar todo lo que aún nos queda y deseemos hacer todavía.
NO importa lo doloroso que pueda ser…
Nosotras sabemos que, cuando se llega a ese punto en el que sientes que te faltan las fuerzas y las ganas de seguir viviendo, que no vamos a dejarnos llevar, ni abandonarnos a manos del desaliento…
No, porque, aquí dentro sabemos con certeza, porque así nos lo enseñaron con sus vidas ejemplares, nuestros abuelos y nuestros padres, que:
¡¡existe otra opción diferente para las personas que tenemos valor y dignidad!!
Podemos desprendernos de los juicios de valor que emitan, quienes ignoran qué es el valor, sobre nosotros y los sólidos Principios que sustentan nuestra alma, y configuran nuestra Naturaleza valiente y leal a nuestro corazón y nuestra verdad.
Podemos desprendernos del sarcasmo, la ironía y los chistes fáciles, con los que intenten restarnos una dignidad y una majestuosidad, que es imposible que nadie pueda robarnos ya, porque forma ya parte de nuestro ser.
Podemos desprendernos de verdades absolutas y cuestionarlo todo, y a todo el que trate de imponernos su verdad y su moral.
Duele, sí, duele desprenderse de prejuicios, y desprenderse del rencor por el daño que nos causen las infamias, las injurias, la tergiversación de nuestras palabras y nuestras intenciones, porque ese rencor es, como ese pico quebrado hacia nuestro pecho, que amenaza con herirnos a nosotros mismos con nuestra propia boca… Es mejor ¡partirse la boca que seguir usándola para algo que no nos alimenta, sino que nos envenena más el cuerpo y el espíritu!
Duele dejar de reaccionar como un adolescente ignorante, y darse cuenta que el tiempo ha pasado, y que nuestra perspectiva del mundo tienen que cambiar con la experiencia que dan los años, y que ahora ha llegado ya ese momento de pararse, replegar nuestras alas un momento y cerrando los ojos, para mirarnos dentro, y recordar quiénes somos y cual es nuestra auténtica esencia y nuestra naturaleza;
Ya es la hora, de buscar y encontrar en nuestro corazón nuestro valor y nuestro amor propios, de desprendernos de todo aquello que nos impide seguir viviendo y conquistando las cimas más altas de la dicha…,
¡Y RENOVARNOS Ó MORIR!
Y, después de los días que tengan que transcurrir en ese proceso, abrir los ojos; extender NUEVAMENTE nuestras alas, y alejarnos MAJESTUOSAS, hacia nuevos y más altos horizontes; y conjugando experiencia y energía, emprender con el valor del águila, y de nuevo, un vuelo, que nos permitirá seguir gozando más de treinta, ó cuarenta años de nuestro viaje por la vida…
Jugue.