Todos sabemos que la originalidad, ó la diferencia puede ser una Melodía seductora.
Y también, ¡claro! motivo de rechazo. Aunque, todos entendemos que rechazar a alguien solo por pensar, vestir, hablar de forma diferente, refleja, quizás una falta de respeto, y puede que de seguridad en uno mismo… Quizás temor a que si no somos capaces de imponer nuestras creencias, ó puntos de vistas, corramos el peligro de ser dominados, ó anulados… Quizás refleje ese rechazo a lo diferente, ignorancia, estrechez de mente, ó en cualquier caso, desde luego refleja, ó transmite negatividad.
Sin embargo, pese a ello, cuando nos referimos al amor, la mayoría creemos que amar implicar coincidir en creencias, puntos de vistas, gustos… Hasta el punto que hablamos, de lo necesario que es transigir, ó tratar de coincidir con los deseos de la pareja:
Sofía sale con Bernardo desde hace tres meses. Un día que Sofía queda con sus amigos de siempre –grupo del que Bernardo no forma parte- Bernardo le dice que ella ya no lo quiere porque prefiere salir con sus amigos antes que con él, que desea salir con ella.
Cuando Eva quiere hacer el amor con Marcos, y éste le dice que no le apetece, entonces Eva se siente rechazada y dice a Marcos que esto a ella no se le hace, que si estamos en pareja estamos a por todas.
Bernardo y Eva, creen que amar es coincidir. Bernardo y Eva siente celos, que en realidad es temor perder al otro, porque creen que amar es poseer y ser poseídos… Los celos son un inconsciente deseo de posesión del otro…
Eva y Bernardo reciben como una ofensa los actos de su pareja… Cuando, en realidad uno solo recibe el reflejo de lo que da. Si Bernardo y Eva estuvieran ofreciendo amor… Jamás recibirían como una ofensa que sus parejas ejercieran el ejercicio de su libertad y actuaran de acuerdo a sus sinceros y reales deseos, y los aceptarían tal cual son, aunque no coincidan con su creencia de los que deberían ser…
Es como si en las relaciones amorosas, incluso de amistad, hubiera otra especie de creencia invisible, que consiste en que para que todo funcione el otro ha de comportarse como yo espero que se comporte.
Pero esta creencia no se dice sino que se exige sin hablar, en silencio. Eva puede pensar que “lo normal” es que en pareja haya sexo cuando uno de los dos quiere –aunque el otro no quiera. Si no, no diría…
“si estamos en pareja estamos a por todas”.
Pero la realidad es que una relación de amor está llena de momentos donde cada uno de los integrantes de la pareja desean, ó piensan de forma diferente, porque no existen dos personas que siempre coincidan en todo; y amar implica respetar esas diferencias; amar significa que no existe deseo de posesión, ni temor a ser poseidos; amar significa que las relaciones no se basan en suposiciones sistemáticas de lo que deben ser las cosas según nuestras creencias, sin considerar que el otro tiene otras creencias y cree en base a las suyas y no a las nuestras –no para fastidiarnos sino porque cree en lo que él/ella cree; sino que se basan en la aceptación del otro y en la libertad propia para expresarnos y poder ser nosotros también como somos, y actúar con libertad y confianza, en que seguirán amándonos, pese a nuestras diferencias.
Todos los seres humanos somos iguales, en cuando a que tenemos los mismos derechos,y que no se justifican las discriminaciones por razones de sexo, raza, clase social, etc. Pero en dos aspectos no somos iguales:
No somos iguales en experiencia ni somos iguales en conciencia.
Es cierto que la falta de experiencia compartida, hace que juzguemos como buenas o malas ciertas cosas y que, al experimentar, las teorías que uno mantiene se modulan, cambian y transforman. Y que, como consecuencia de abrirse a la experiencia, la manera de pensar y ver el mundo evoluciona. Y esa evolución que se va abriendo a los diferentes aspectos de la vida de cada ser humano va haciendo que algo dentro de uno se expanda:
La conciencia.
Cualquier percepción lo que hace es mantenerte en una red personal de creencias, pensamientos, emociones y sensaciones que conforman tu nivel de conciencia.
Y te das cuenta de lo que mata o no una relación, de lo que te hace rico o pobre en tu manera de ver las cosas, de lo que das y lo que recibes, de lo que le pides al mundo y lo que estás dispuesto a ofrecer. Y ahí nuevamente se te revela tu conciencia, tu capacidad para absorber o rechazar, para aceptar o rehusar.
Y la conciencia se eleva con el proceso de empezar a ver a quien tienes al lado, no como objeto, sino como sujeto, que es el progresivo apercibimiento de que el amor y el sexo es el encuentro que se da sin forzar nada, que la fluidez es el código de la vida oculta tras las luchas y forcejeos de robar la energía del otro a través de un final esperado, ó previsto y una alta expectativa de éxito.
Hacer el amor es conciencia, es casi ideología; no es follar el cuerpo, sino rozar el ser que se perfila entre dos conciencias, que eligen libremente la experiencia de la unión.
Juguetona.
Fuente: Claves para una sexualidad sin tabúes ni culpas.







