Cuando llegué, estaban todos y todas hablando de ella.

Su pelo, teñido de rubio, caía en una melena lacia y larga, sin corte alguno, sobre una carita bonita, cubriendo un poco sus ojillos pequeños, y tremendamente vivaces.

Hablaba, gesticulando mucho con sus brazos y sus manos, apelando, a menudo a ese típico tic, tan femenino, de recogerse el pelo detrás de la oreja; y de cuando en cuando, tocaba suavemente al resto de personas, que la miraban con expresión divertida, y un mal disimulado estupor.

Ella mantenía una sonrisa infantil, todo el rato en su boca.

En la distancia, parecía una chica más… Una treintañera juvenil y atractiva; una más, como tantas… Quizás destacaba, porque casi todo el rato hablaba ella.

Sin embargo, a su espalda, todos hablaban, preguntaban y especulaban sobre ella…

Se volvió loca cuando el novio la dejó… ¡la pobre!

Pues tiene carrera; dicen que era una gran abogada… Es de gente bién… Su madre es fulanita, viuda del gran zetanito… aquel que tanto dinero donó a la Hermandad para la bolsa de caridad…

Dicen que estaba tocada, por lo del novio… pero que la cabeza la perdió cuando murió su padre… Dicen que pasó sus últimos 15 días de agonía, cogidita a la mano de su padre… ¡se volvió loca!

Yo nunca había conocido a ninguna “loca”.

Ella, la loca, se acercó a nuestra mesa para presentarse. Se presentó con una seguridad y elegancia poco usual, tras la que se adivinaba la exquisita educación que habría recibido.

De pronto, fijó su mirada en mí, sin soltarme la mano, que yo le había extendido para saludarla, cuando me dijo su nombre en su presentación. Y me sentí inquieta, y francamente con cierto temor. Acostumbrada a “leer” el pensamiento de los demás, me sentía perdida, sin poder adivinar cómo funcionaría aquella mente, regida, supuestamente, por una ley diferente a la razón y la lógica…

- Yo me acuerdo de tí…

- ¿Si? Pero yo no pertenecía al grupo joven… Y no te recuerdo del barrio.

- No, es verdad… Pero yo cantaba en el coro de la Iglesia… Y te recuerdo sentada al lado de una señora mayor, bajita y con el pelo muy blanco, siempre recogido en un moño…

- Mi abuela…

- Tu abuela, sí… Tu abuela que leía como los ángeles…

Se me abrió el corazón, a la misma vez que la memoria… Aquellos ojillos bucearon en los míos, hasta encontrar la niña que fuí, invitándome con la mirada, a columpiarme en los recuerdos de aquellas tardes de misa de mi adolescencia junto a mi abuela… su sonrisa infantil, era como un tobogán, por donde se deslizaban sus pensamientos, como se deslizan los niños en los columpios, con esa ilusión desmesuradamente grande, por algo tan simple, como llegar abajo y volver a tocar el suelo, empujando en su bajada, a aquel otro que se había quedado atascado en medio… En este caso, ¡a mí!

- Te recuerdo rubia… y abanicando a tu abuela, con tanto mimo y dedicación, que de verdad, me conmovia… Se notaba cuánto la querías… Y cuánto te quería ella a tí; no sé si sabes, que tienes la misma voz que ella…

- ¿Recuerdas su voz? 8O

- ¿Y cómo no? Escuchar la lectura en boca de tu abuela, era una experiencia más mística, que oir misa en El Sagrado Corazón de París, jeje… ¿Te he dicho que yo cantaba en el coro? Yo también tengo una voz muy bonita…

Entonces, me pidió que le tocara las palmas y se puso a cantar…

Los demás nos miraban riéndose, como compadeciéndose de mí, que me había enganchado la loca… Pero realmente, yo me había enganchado a la loca.

La loca, me había tocado el corazón, y había abierto con sus palabras, las compuertas de mi corazón, que encerraba todo ese amor hacia a quellos que ya dejaron de existir… Y esa alegría  que me proporciona la locura nunca confesada, de sentir todavía viva a mi abuela, de creer en los milagros y que todo es posible… con una fé insostenible por la razón, con esa loca esperanza de volverles a ver algún día… con esa esperanza, que solo nace en aquellos que sabemos con certeza, que hay males, QUE NO TIENEN REMEDIO…

Los demás solo veían una loca… Y realmente éramos dos locas, emprendiendo juntas la aventura de adentrarnos en la memoria, y revivir aquellas vivencias, por la cuales, se nos coló la locura… que en mí, se quedó ocupando solo una parte muy pequeña de mis pensamientos, y que a ella, ¡se lo invadió casi por completo!

Éramos dos locas, empeñadas en ver el mundo perfecto, y en volver a sentirnos tan felices, como solo los niños, y solo aquellos, que por pura falta de experiencias amargas vividas, y auténtico desconocimiento del dolor, pueden serlo.

A diferencia de Paquito, que cuando cantaba, también se inventaba, como ella, la letra… Sus improvisaciones hablaban de dolor, y las de Paquito de alegría…

Las letras que ella inventaba, no eran más que el relato de las experiencias más dolorosas que ella había vivido, narradas de forma desordenada… Causando la risa en todos, de forma natural, por la incogruencia…

Pero…No sé… A mí me suscitaba una pena muy honda… Y empecé a temer hacer el ridículo si me permitía llorar.

Sentía un nudo que me asfixiaba… Sentía el dolor de aquella niña grande en cada gesto de su manita apretada en un puño sobre su ombligo, que asomaba desnudo, entre su vaquero y su top, mientras cantaba flamenco… Yo misma he sentido ahí justo mi corazón romperse, ante un momento doloroso…

No pude evitar la locura de llorar… Aunque solo mi hermano mayor se dio cuenta, y se puso a meterse de broma conmigo, desde lejos, haciéndome reir… Él me conoce bien, y sabe que lloro, hasta viendo a Goofey… Pero que se me pasa pronto… Mi hermano sabe bien, lo loca que estoy, jejeje.

De repente, me pareció la locura, como la búsqueda desesperada, por salir de un laberinto de recuerdos tristes y pensamientos negros sin salidas, cruzados por callejones de experiencias de amor… Y mi suerte es, que mis callejones de amor, afortunadamente me señalan las salidas…

Ella emanaba ¡Tanto amor, como dolor! Y tal parecía, que había llegado a un punto, que su corazón ya no podía permitirse ni un pequeño dolor más, por ningún suceso triste, por más insignificante que a otros pudiera parecerle… y que su mente, borraba todo aquello de la realidad que podría lastimarla, y lo sustituía, creando trocitos de momentos perfectos en su fantasía… y cantando, convertía esa realidad que no le gustaba, en historias inventadas, que nunca sucedieron… ó sucedieron a otros.

De repente comenzó a contarme que acababa de llegar de Paris con su novio (eso no era verdad) Sacó de su bolso una barra de brillo de labios sabor a vainilla, de la tienda de los chinos, asegurándome que lo compró allí, en Francia.

Yo intentaba, confundida, seguir el hilo de su conversación sonriendo, tratando de separar las fantasías que ella iba introduciendo, entre lo que, realmente ella quería comunicar…

Inmediatamente lo enlazó con el recuerdo del último helado, que su novio le había comprado… de vainilla, ¡claro! Y que hacía mucho que no sabía nada de él… Y esa marca exclusiva de barra de labios, le recordaba el sabor de los últimos besos que se dieron… Y que le había prometido llevarla a París de viaje de novios… Y se le humedecieron los ojos… Y a mí se partió el alma al verla llorar, excatamente igual que una niña muy buena y pequeñita, que no entiende nada… Que no entiende nada más que siente mucha pena, sin haber hecho nada malo, para que la dejaran de querer… ni para que le negaran seguir agarrada a la manita de su padre; negándole el derecho a eso, que todos los niños deberían tener…

Y quise llevarla a la locura nuevamente por un callejón de amor, que yo conozco… por el que mi hermano acababa de meterme… por el camino, que desemboca en la risa tonta, jeje… por el humor…

- ¿París? A París hay que conocerla sin novios, ¡te lo digo yo! Y aprovechar el viaje, para saber a qué saben los besos de un franchute buenorro… ¡déjate de vainilla, que empalaga! ¡Y pasarte por el arco del triunfo al de los helados de vainilla!  jejeje

- Jajajaja… (se limpiaba los ojos de lágrimas) ¿Y a que saben los franceses buenorros? ¿Mejor que el de los sevillanos?¿tú los has probado?

- Aaaahhh, ¡vaya pregunta más comprometedoraaa!  8)  ¡No hablaré si no es en presencia de mis abogados! jiji…

- Dicen que es maravillosa… la ciudad del amor…

- ¡paparruchas! El amor vive en todos laos’ Y no hay ciudades maravillosas, ¡hay gente maravillosa, que hacen ciudades!

- Como tu abuela… y mi padre… Y ellos eran sevillanos.

- ¡Y como tú! :P ¡Ya te digo! Y a mí los besos que más me gustan, ¡son los que saben a gloria!

- ¿A gloria? jajaja, ¿y cómo sabe la gloria?

- Toma… ¡dale un buchito! (era cerveza)

- ¡Pero si sabe a cerveza!

-  ¿Estás locaaaaa? jajaja … A mí, cuando estoy con mis amigos, y con gente tan maravillosa como tú…  ¡me sabe a gloria!  ;) Y la abracé con todas mis fuerzas… como hacía largo rato que deseaba hacer…

- jajaja, ¡ESTÁS MÁS LOCA QUE YO!  :P – ¡me dice!- 8O

Y es cierto, ¡tenía toda la razón, la loca!jeje.

… Dios mío… Verdaderamente mi locura es mayor… porque me creo que los locos son aquellos, que pueden seguir viviendo, aceptando que no volverán a escuchar nunca más, el sonido de esas voces de quienes tanto amamos, ni leyendo, ni cantando… ni a sentir en la boca, nunca más, el sabor exclusivo de los besos de sus labios…

Yo no puedo… Yo … cierro los ojos, como la loca cuando se pinta la boca, pero sin barra de vainilla entre los dedos, ni nada… Solo cierro los ojos  y vuelvo siempre que quiero, a besarles y escucharles de nuevo, siempre que les necesito …

Loca, porque me creo en mi locura … que si no pudiera hacer eso… Entonces sería cuando me volvería loca! Loca de sufrimiento… Y yo soy de las que se vuelven loca… pero de alegría con los recuerdos de amor … Loca de amor…

Juguetona