Me fascina su imagen, su elegancia, su calidad interpretativa sobre el escenario… Su voz… Su voz es una alfombra suave y voladora, que te lleva a pasear por los más altos sentimientos…

¡Cuánta ternura se desborda, en esta canción, de su imagen tan altiva!

Su tremenda calidez humana, envuelve, el fuerte temperamento, que se le adivina por su porte erguido, y la fuerza que transmite su cuerpo robusto y recio, consiguiendo ese contraste ideal en la apariencia de un hombre, para despertar esta fasinación y atracción por su persona, que siempre ha despertado, este artista en mí…

Me emociona, cuando su voz, de timbre siempre seguro,  tiembla en su prodigiosa garganta, conmovido hondamente por la lágrimas de una mujer… “Porque la ví llorar…”

Cuando transmite ese dolor por el dolor, que piensa ha causado en otra persona, y esa bondad en su mirada, que le impide ver la maldad en los ojos de un ser humano que llora…

Me emociona, la pasión que despierta en su corazón la vunerabilidad de otro ser humano, y que refleja su voz, en los últimos versos, en sublime, y reconfortante contraste con otras personas, que ante el dolor ajeno, sin embargo,  no sienten más que desprecio, o mucho peor… Indiferencia… 

Plácido Domingo, ahora, a sus setenta y pico de años, y con sus cabellos blancos, a mí me sigue emocionando y cautivando con sus seductoras Melodías intelectuales, afectivas, ¡y físicas!… Y sigue siendo para mí, uno de los hombres más atractivos y deseables del mundo… Escucharle cantar, afeitándose por las mañana, mientras yo acabo de ducharme, jeje, es una de las más entrañables fantasías eróticas, que conservo, tan vivamente e intacta, como la primera vez que lo escuché cantar al piano, en mi recién estrenada adolescencia…

Por eso, este mañana de domingo plácido, lo dejo aquí sonando en mi diario, mientras le escucho, entre el sonido del agua y acariciadora espuma blanca de jabón, como sus manos…  durante una prometedora y plácida  ducha dominicana…  ;)

Jugue.

¡No puede ser! … Esa mujer es buena.
¡No puede ser una mujer malvada!
En su mirar como una luz singular
he visto que esa mujer es una desventurada.

No puede ser una vulgar sirena
que envenenó las horas de mi vida.
¡No puede ser! porque la ví rezar,
porque la ví querer,
porque la ví llorar.

Los ojos que lloran no saben mentir;
las malas mujeres no miran así.
Temblando en sus ojos dos lágrimas ví
y a mi me ilusiona que tiemblen por mí.

Viva luz de mi ilusión,
sé piadosa con mi amor,
porque no sé fingir,
porque no sé callar,
porque no sé vivir.