Si alguna vez amanecieras
en la mirada de un hombre…
Si sus ojos, como soles tibios de Noviembre,
fueran extendiéndose por tu desnudez,
aún aletargada, por el sueño, y despertaran suavemente
el apetito de tu piel,
por las caricias trémulas y amorosas de sus manos…
y el hambre
por las frutas frescas, húmedas, ácidas y rojas
de su lengua…sus labios… Y su boca…
Su boca… y su carne…
Si alguna vez te durmieras,
en los ojos de un hombre…
Si su mirada te envolviera, como lunas claras, y sintieras cómo acunan tus deseos, con sus luces de plata,
escribiendo
eróticos, dulces, palpitantes, infinitos sueños,
sobre tus pestañas cerradas,
con la tinta salada
de sus besos…
Si alguna vez, te desvelaras
en los ojos de un hombre…
y el sueño de su mirada, se enredara en tu cuerpo somnoliento,
y te poseyera con ternura
aromando con su aliento,
cada pliegue ínfimo, rosado y leve
de tu sexo,
bautizando, santificando la lujuria
que despiertan hábiles sus dedos,
cuando arquean de gozo tu cintura,
y suben locos hasta tus senos, que esperan ávidos las diabluras,
que abren para tí, las puertas del cielo,
y la gloria en su esencia más pura…
Si alguna vez amaras
tanto, tanto, a ese hombre,
que sientes que naces y mueres, que despiertas y duermes,
y que solo existes y eres,
cuando apareces en las lunas y los soles de su mirada,
que cuando de tí se apartan,
los tuyos se quedaran ciegos,
sin luz, sin cielos,
y sin alma en un segundo…
Entonces… Entonces,
amiga mía,
no tendrían lugar tus reproches…
entenderías que no es cursilería,
vibrar oyendo un bolero,
ni decir sin pudor y sin tapujos,
lo que te conté que le dije anoche:
¡Te quiero!
el te quiero cursi, más sexual, lascivo, sincero
y caliente del mundo…
Jugue.
