Recogí su brote de honestidad, como si de un par de alas se tratara y rompí a volar…
Y dividí en parcelas el cielo que no quiso profanar…
Repartí por el mundo, como caramelos, la miel de los sueños, que en las colmenas del cariño, fabriqué para endulzar sus esperanzas…
Se me rompieron las compuertas del alma, y los manantiales de mi amor se dispersaron por la Tierra, para aliviar la sed de otros labios distintos, que no quisieron dejarla correr… Tal y como él, honestamente me pidió… Obedeciendo por última vez sus deseos, que aquella tarde, mira tú por dónde… ¡fueron, por primera vez, honestos!
Y ahora… vuelve un día cada año, desde hace ya séis años … Vuelve con las llaves de mi corazón en la mano… Pero…
¡ay, mi amor! Honrado amor…
¡Si ya no existe ninguna puerta!
¡Si fuiste tú! ¿Ya no te acuerdas?
¡Tú, quien rompió, aquella tarde
honestamente, y de una patada
todas mis puertas!
¡Quien me hizo libre como el aire!
¡No hay cerraduras ya, que mis sentimientos para tí guarden!
¡Dividí el amor que guardaba para tí!
Ya no es tuyo… ¡No soy ya, gracias a tí
de nadie!!
Al mundo me entregué, por completo…
como yo siempre me entrego…
¡Como tú… bien lo sabes!
Juguetona.