Nunca he visto nada más bello que tú, aquella mañana que tanto llovía…

Traías la ropa toda y el pelo mojado, y se te había roto un tacón.

Caminabas pisando fuerte y con genio, cojeando, a saltitos… ¡como un gorrión!

Nunca olvidaré cómo al compás de tus caderas, bailaba, airado tu culo, ¿Sabes que enfadada, te vuelves arrebatadoramente sexual?…

A través de tu blusa empapada, burdeo, como el vino, se transparentaba tu sujetador, y a veces, en milésimas de segundos, a destellos… ¡Tu ombligo! Uffff… Recuerdo que no podía apartar mis ojos del punto aquel, que de cuando en cuando, me dejaba ver la morbosa silueta de tu ombligo… ¿Sabes que desde entonces fantaseo con él?

Venías con la cara limpia, y los labios sin carmín… Hay mujeres, como el buen vino, que habría que meter en la cárcel a quien le echara casera… Yo condenaria al infierno, a quien te convenza que estás más bonita maquillada… ¡No es verdad! Tu boca, tu cara y tu mirada, son para catarlas limpias… limpias y al natural… ¿Cómo puedes decir que no eres guapa? ¿Resultona? No, Jugue… Te gusta escucharlo, y a mí no me cuesta decírtelo… ¡Eres guapa, hasta llegar a doler!! De hecho, a veces, ¡dueles!…

Aquel día me estabas doliendo como nunca… También es verdad, que llevaba séis días sin verte; y acababa de darme cuenta, cuánto se te echa de menos, cuando no estás…

Llovía afuera con fuerza; dentro teníamos encendidas todas las luces, porque de la calle no entraba la luz, y a pesar de ello, la sensación era de penumbra, y reinaba un orden caótico de oficina … ¡Hasta que entraste tú! mojada, enfadada, cojeando, la camisa por fuera, despeinada… y como siempre ¡diez minutos tarde! y derramaste el café, y nos hiciste reir a todos, y nos dijiste que nos odiaba, mientras llorábamos de risa…

Deberías haber visto tu cara cuando salió el jefe, por la que estábamos formando…

¡Los ordenadores también se volvieron locos con tu llegada y dejaron de funcionar todos!

Contigo, aquella mañana, trajiste el  caos febril, al que nos tienes acostumbrados…

Te juro que nunca ví nada más bello que tú aquella mañana, cuando abrazada al jefe, estalló tu risa clara, en tus ojos sin maquillar, en tu boca sin carmín, y en tu cara limpia…

Olía la estancia entera a tí; sabes que me encanta cómo hueles…

Los ordenadores volvieron a ponerse en marcha, y fuera dejó de llover… Contigo, a cojetadas, jeje, entró de nuevo la luz…

Estás preciosa esta noche… Pero si pudiera, te raptaría para lavarte la cara en el Río … las mujeres como tú, son para apreciarlas como se aprecia el buen vino… cuando las decanta el aire… y embriagan sin querer…

Eso me dijo “Chico 27 años”… No recuerdo haberme sentido nunca así de… ¿especial? Y es que así, solo puede hacer sentir un hombre.

Madre mía de mi arma… Qué esencia pondría dios en el corazón de los hombres, que alimenta así el espíritu de la mujer… Qué hermoso privilegio ser mujer, y poder ofrecer a un hombre, como si de un licor divino se tratara, sorbitos de nuestra propia y misteriosa también, esencia femenina … Queriendo, o sin querer…

No me extraña, que El Creador de La Tierra y El Cielo, eligiera esta combinación mágica de sentimientos entre ellos y nosotras, para asegurar la continuidad de la vida y la procreación de la especie humana, iniciando el milagro de la reproducción con el noble arte de la seducción, para culminarlo, haciéndonos mutua y gozosamente el amor…  Origen dulcísimo de la vida…

Juguetona.