Sí… Cuando una pareja lleva mucho tiempo junta, suele ocurrir que encuentran un lugar idóneo y un tiempo específico, que destinan para amarse con calma…
Se aman y se desean mutuamente, y es común y lógico que busquen esa intimidad y espacio aparte para deleitarse amando, sin prisas, sin temor a ser descubiertos, sin nada que les impida saborear cada milímetro de piel…
Esto, claro está, crea unas lazos afectivos y emocionales, imprescindibles en mi opinión, para una relación de pareja… Y es algo realmente positivo y hermoso.
Pero ocurre, que este ritual amoroso puede terminar convirtiéndose, a veces, en rutina; ¡monótona y aburrida rutina!
Y os digo una cosa, el amor puede sobrevivir a todo, ¡hasta a la muerte, si me apuras!, pero la odiosa rutina ¡Acaba en poco tiempo con el casi todopoderoso amor! Dale facilidades para que se instale en tu vida… ¡Y arrasa con lo que se le ponga por delante!
El deseo sexual, se empequeñece e inhibe si los preparativos del “ritual” son siempre los mismos.
Llevemos poco, o mucho tiempo con alguien, es necesaria la magia de la impulsividad sexual, de lo inesperado, de lo urgente… de aquello que conocemos como “¡El aquí te pillo, aquí te… amo!
Esa espontaneidad y esa urgencia ineludible, nos hace sentir desead@s con tal fuerza y entusiasmo, que acaba con cualquier sombra de duda, o inseguridad en el otro; lo cual libera nuestros instintos más exitantemente sexuales; a lo que se le suma el morbo del peligro que supone hacer el amor, en el lugar y el tiempo menos apropiado… ¡Wow!
Más allá de esto, como tampoco es posible, muy a menudo en esos momentos desnudarse totalmente, el tacto de la piel ¡se intensifica! Se vuelve infinitamente más erótico… por no decir de la sensación de estar viviendo una fantasía, ejecutando las posturas más inverosímiles, que la mayoría de veces son necesarias, según donde nos pille la magia de estos encuentros efímeros, sí efímeros, ¡Pero maravillosamente revitalizantes de la pasión!
Lo inesperado, la prisa, el peligro, el morbo, la exitación, el despliegue de imaginación necesario para encontrar la postura en un lugar, que no permite usar las de siempre… y la urgencia, jeje, aniquila cualquier sentimiento de culpabilidad, o rastro de complejos físicos, y os llevará inevitablemente a un satisfactorio, y no siempre fácil de alcanzar, climax del placer…
Hay quien afirma, que para hacer el amor, amor, es necesario desvestirse de ropa, de pudor y de prisas…
Yo no estoy de acuerdo… Yo creo que para hacer el amor, lo único imprescindible es el amor y la magia… Y cuando la magia se debilita en el sosiego y la rutina del ritual amoroso, hay que retornar al arrebato de los inicios, para buscarla y hallarla en la sana y vivificante espontaneidad del deseo sexual inesperado, rescatando el pudor y saltando peligrosamente sobre él y la ansiedad, o el peligro a ser descubiertos…
Existen tantos lugares y momentos “adecuadamente inadecuados”, je, para resucitar la pasión del amor con la magia de la impulsividad, que sería imperdonable, dejarles morir en manos de la monotonía… cruelmente desasistidos…
De todos los crímenes, uno de los más espeluznantes, es matar de aburrimiento a un gran amor…
Dirán los sabios lo que digan, y los moralistas tacharme de lo que les venga en gana; pero yo, no sé vosotr@s… Pero yo… seré muchas cosas, a lo mejor una bruja, jeje, por creer en la magia blanca, jiji … ¡Pero no una criminal! ;)
Jugue.