El mundo, como ella mismo dijo, pagaba millones de dólares por su cuerpo, y ni siquiera 5 centavos por su alma…
Cuando la belleza de Marilyn, sin duda, provenía de allí directamente…
Si miráis con un poquito de detenimiento las miles de instantáneas, donde jamás salía fea, advertiréis la asombrosa versatilidad de las numerosísimas y magníficas Melodías, de esta seductora nata; ora sexy, ora romántica, intelectual, tierna, traviesa, infantil, autoritaria, madura, melancólica, alegre, maternal… Y si dáis un repaso a sus amantes, advertiréis, cómo eran todos absolutamente diferentes.
Le fascinaba la belleza física,tanto como la inteligencia de un hombre, el humor, como el misterio… Esta geminiana venerada, deseada, y codiciada por el mundo, jamás fue feliz, ni comprendida, porque ese mundo holiwoodiense no fue capaz, de valorar en más de 5 centavos, aquel bravísimo corazón del que emanaba tanta Luz para el mundo… Que el mundo no pudo verlo, absolutamente deslumbrado y ciego…
Marilyn, malvendió su alma por un sueño, y a partir de entonces, perdió su capacidad de soñar, y necesitaba tomar pastillas para dormir. ¡Perdió su capacidad de soñar y sus ganas de vivir!
De niña era mi ídolo… Siempre soñaba, que cuando fuese grande, cantaría como Marta Sánchez, y brillaría como Marilyn… Ahora que soy grande, solo aspiro a no vender jamás mi alma a nadie, ni por nada… Ni siquiera por un sueño…
Ahora, solo mi pelo, y el tono de mi voz, recuerdan vagamente, ¡muy vagamente! a mis dos ídolos infantiles y solo en un par de fotografías que guardo celosamente, imitando dos de sus poses, una sexy, de hace unos años y otra, reciente, leyendo un libro, me recuerdan que la estética es fácil de imitar, varíable, caduca en el tiempo, deslumbrante, y a veces… ¡peligrosa! pero la belleza de cada mujer, es única e irrepetible, crece con la experiencia y el tiempo, es un sello distintivo, que hemos de dar a conocer y otorgarle, nosotros primero que nadie su justo valor…
Me recuerdan que la belleza está en el interior… Y que por todas esas poderosísimas razones precisamente… Ni tiene comparación con la de ninguna otra persona… ¡Ni tiene precio!
Jugue.