Y no se da cuenta, que en el baile del amor, puede que sea él, y no el resto del mundo, quien lleva el paso cambiado.

Y no se da cuenta, que no ve la viga en su ojo, y hace montañas, con las motas ajenas…

Y no se da cuenta, que todo lo ve raro, quien está lleno de rarezas.

Que puestos a medir y rasar, es de tranfullero, usar la doble moral:

la boca ancha del embudo, para el justiciero, y la estrecha, para los demás.

No se da cuenta, que si solo ve extraterrestres, sea él, muy posiblemente, quien pertenece a otro planeta.

No se da cuenta que el amor no se pide… NI los besos, ni la palabra, ni la amistad…

Que son ramos de rosas para regalar…

Y no se da cuenta que no puede ser perfecto, ni siquiera un Dios, que en vez de amar, dicte setencias…

Y No se da cuenta, desde su atril de jurado, que con la misma dureza, que juzga, será juzgado, y que es el mismo amor que ofrece, el que recibe a cambio.

Que si tanto entiende de justicia y de leyes, que recuerde la Ley del Talión:

Ojo, por ojo… diente por diente…

No se da cuenta, que los ojos de los demás son espejos del alma, ¡Pero de nuestra propia alma!

Que el ojo que ves, no es ojo porque lo ves, sino ojo ¡porque te mira!

Y que solo vemos y reconocemos de lo que llevamos dentro…

Que yo le miro y veo un ser humano, al que quiero, de la única forma que sé ¡Y le acepto! ¡Tal como es! … Y que él me mira  ¡Y ve un marciano! ¡Que no merece su amor!  Y que no sé cual de los dos… Pero uno de nosotros ¡Está equivocado!

Juguetona.