Ayer leí un post de Pekeño Diablillo y me recordó a Pilar, una chica de 23 años, auxiliar de clínica en prácticas, que conocí a través de un amigo. Era preciosa, delgada, rubia, con unos preciosos ojos de color de almendra, dulces y… ¡tristes! Su mirada transmitía una profunda tristeza, sin embargo una sonrisa tiernísima, parecía tatuada en sus labios, perfectamente delineados por la naturaleza, logrando hacer junto al resto de sus facciones delicadas, un rostro realmente bello…
Me llamó la atención un moratón en su brazo… el moratón tenía la forma de tres dedos. Como trabajaba en pediatría, y he podido ver en muchas ocasiones, cómo los niños se aferran cuando van a tomarles muestras de sangre, le pregunté cómo se había hecho esa lesión. Su reacción, cubriéndosela con la mano, avergonzada, súbitamente me puso en alerta; me causó inquietud y sospecha; mi intuición me contaba lo que ella trataba de ocultar, explicando un tropezón con el manillar de la puerta de su dormitorio… La miré a los ojos, haciéndola entender, sin decir ni una sola palabra, que no la había creido, y ella desvió la mirada al suelo guardando también silencio. Estaba bañando a un bebé recién nacido, y me dice:
- ¿Qué indefensos y vulnerables, verdad?
- No lo creas… Cada vez que necesitan algo ¡piden ayuda! y se les asiste ¡a demanda! Indefensos los adultos, que temen pedir ayuda, más que al dolor y la muerte… ¿Sabes que aún hay quienes mueren de apendicitis, por temor a acudir al médico, para que les ayude a calmar el dolor? Temen la ayuda, más que al dolor…
- No es que teman la ayuda, Jugue, temen aceptar que están en peligro…
- Eso sí que es estar indefenso. Si no toman conciencia del peligro, no pueden poner en marcha su sistema de defensa… Pero la fiebre, por ejemplo, avisa a un adulto que algo no va bien… Si yo noto que un bebé tiene fiebre, no le pregunto si desea que le ayude, le doy la cantidad de antipirético adecuada, y le llevo a un pediatra para que le cure… Sin embargo, un adulto, puede engañarme, negar que es fiebre, achacarlo al calor, y morir sin recibir la ayuda adecuada… ¡Indefensa!… Es como tu moratón; yo sé que algo anda mal, sé que podría ser incluso mortal para tí, sé que fácilmente te podría ayudar; pero si me engañas… solo puedo esperar, que la próxima vez que venga a visitar a Jose, me diga que estás criando malvas, por un extraño moratón en la cabeza, por ejemplo… ¿Cómo te hiciste ese moratón, Pilar?
- Fue sin querer… ¡Es que yo me las traigo! Mi novio es muy celoso, y yo lo sé, y aún conociendo cómo es, voy y ¡me compré una minifalda vaquera! Me dijo que la devolviera, ¡y me puse a discutirle! ¡Y claro! ¡se alteró! Y yo me puse a ignorarle y me agarró del brazo para que le mirara cuando me habla… Pero “esta vez” no me pegó ni nada… Pero yo sé, que lo que le pasa, es que me quiere mucho, y teme perderme, por eso se pone así, y a mí es que parece que me gusta sacarle de quicio… ¡Pero no es un maltratador! Si no le provoco… ¡es un trozo de pan!
- No Pilar… Ni siquiera los padres, ni los profesores, ni las autoridades del orden, tienen derecho a agredir a nadie, ni físicamente, ni con insultos; nunca está justificado, ni se puede permitir. ¡Es una falta muuuyy grave! Tú no te las traes… Ni te gusta verle así… ¿O sí te gusta?
- No, si lo hago sin querer, pero debería pensar en él y sus sentimientos. Él dice que cada vez que le obligo a hacerme daño, le duele a él más que a mí… Pobre…
- Pobre sí… Necesitaría que alguien le enseñara a comunicarse sin tener que recurrir a la violencia… Tiene que sentirse muy desgraciado causando dolor a la chica que ama… Tu novio necesitaría que un profesional le enseñara a quererse, y a expresar con caricias su amor, en lugar de con gritos y golpes. Y pobre de tí, que lejos de ayudarle, cada vez que le justificas y te haces responsable de su violencia y su sufrimiento, estás tapando su fiebre, para que pueda recibir ayuda y curarse… Pilar, yo no dudo que te quiera, ni que tú le quieras a él. Pero necesitáis ayuda los dos, porque los dos estáis sufriendo.
- ¿Y cómo lo hago, Jugue?
- Primero háblalo con tus padres, y luego acude a un buen psicólogo; y si le quieres, sigue al pie de la letra sus indicaciones; porque su vida está en grave peligro, ¡y la tuya también! Esa tristeza en tus ojos, esa verguenza que sientes, esas mentiras a todo el mundo, ese sentimiento de culpa, ese moratón en tu brazo, ese miedo que tienes, y ese moratón en tu brazo ¡no dejan lugar a dudas!
Barnett decía, que muchas mujeres hermosas están al lado de hombres que las lastiman, que las humillan, que las hacen llorar y sufrir… Es cierto, pero el éxito en la seducción no consiste en retener a tu lado a una persona valiosa haciéndola una desgraciada; sino es ser capaz de conseguir, que junto a tí, en cada instante que esté a tu vera, tú te sientas dichoso y el otro se sienta más feliz, que junto a cualquier otra persona del mundo, y agradezca a dios ¡haberte conocido!
Ese es El Éxito De La Seducción; porque hacer llorar a alguien es muy sencillo… Sólo los grandes Artistas, son capaces de regalar ese precioso y deseado don del que tanta demanda existe… la Felicidad!
Juguetona.

