Sólo Para Tus Ojos. Martes, Feb 12 2008
Ensueños 12:30 pm
Este post, completo, seguramente os resulte aburrido… Pero necesitaba escribirlo en mi Diario… Aunque sus ojos, nunca lleguen a leerlo…
A Josema, costalero,
que tiene la suerte,
de ser besado, por Dios en el cuello,
sentir a Jesús, mecerle
¡y elevarle al cielo!
Pa que este año, al meterse…
¡rece por mí, un padre nuestro!!
Juguetona.
Maestro de arte, doctorao en la pasión según Sevilla… Hombre de bandera, desde la punta de sus zapatos, hasta la altísima y noble coronilla, que las madrugadas de viernes santo, cubre con un costal de arpillera, para llevar, en chicotás de ensueño, al Hijo de Dios, sobre sus hombros…
No hay saeta, ni marcha más sublime, que el sonido de su paso racheao… de humilde esparto, sobre el suelo blanco, de cirios nazarenos, que como una alfombra, cubren las callejuelas de ésta Tierra Nuestra, convertida en la noche, en caminos angostos al Calvario…
Te ví, subiendo con Él, La Cuesta del Bacaleo … El capataz absolutamente extasiado:
- ¡Ole los hombres que quieren a su padre!
¡Ole los costaleros de raza!
¡Vámonos, valientes!
… Íbais sólos… Dando pellizcos en el corazón… La candelería, rompía la oscuridad, iluminándolo todo… La agrupación, Virgen de los Reyes, tocaba Caminando va por tientos… Olía a incieso… Reinaba el silencio… ¡Daba verguenza, hasta respirar! por el respiradero, asomaban algunas manos… encrespadas, dolientes… pero el paso del Señor, era suave y lento… ¡Valiente!…
¡Dios mío, de mi arma, qué cosa más grande! Mientras la gente, presenciaba, absorta y maravillada, tanto mimo en las mecías lentas, rogando al cielo que esa Cuesta celestial, fuese interminable, yo sabía, que tu costal viejo, ¡estaba empapándose de sangre!
¡Loco! ¡Dile al capataz que lo pare! - Gritaban, aturdidos, mis pensamiento - Y al mismo tiempo mi corazón apasionado: ¡Ole, ole ahí, los hombres cabales!
Escuché aquella voz que salía bajo las trabajaderas:
- ¡¡¡Seeemaaaa!!… ¡Lo que tú mandes!
(En estos casos, de sacrificio supremo, el capataz, no manda, les deja decidir a los costaleros, si parar en la mitad de esa cuesta tan larga, o pedir otra marcha, que la piden, moviendo, casi imperceptiblemente los dos costero de atrás… Cuando hacen eso, aquí se le dice, que retan a los chicos que tocan la banda, que llevan los labios reventados, de tanto tocar… Como diciéndoles: ¡venga, hombre, vamos a echarles güevos!, y los sevillanos, se quedan expectantes, hasta ver, si la banda “pica” (hace sonar unas notas, para que la agrupación sepa qué marcha van a tocar de nuevo, o suena el tambor, que significa, que dejan solos a los costaleros, que no pueden ayudarles, animándoles con la música, a subir… ¡es muy emocionante ese momento!)
Y de pronto… ¡Tu voz profunda! ronca, poderosa, ¡Acostumbrá a mandá!
- ¡Vamos a hacerle al Señor de Sevilla, olvidar que le espera el maero! ¡Vamos con Él, mi arma! ¡Despaciiitooo! ¡Que se crea que la Cuesta termina en el Cielo!!!
(Meciendo los costeros)
- ¡Vamos pal cieeeloooo!
(la banda toca “saeta“)
Y para arriba, despacito y poco a poco siguieron… (45 minutos con el paso a cuesta, y los pies, casi parados en el suelo, ¡Sin doblarse una rodilla, de los 40 costaleros!)
Y yo me quedé atrás, viéndoles marchar triunfantes, desde lejos… Llorando, como todos los demás, en la bulla sevillana, bajo la mirada sorprendida, de algunos guiris, que no estaban entendiendo nada… Sólo que Sevilla, llora y ríe al mismo tiempo, reza y canta a la vez… Aplaude y calla…
“Hay quienes nos llaman capillitas,
con un gesto de desprecio…
Tan sólo me dan pena,
¡porque no pueden entenderlo!”
Josema, aquella madrugá, sin tú saberlo, yo estuve allí, en aquella esquina, cuando piensas que olvidé mi promesa, porque no levanté el faldón, como otras chicas, para darte un beso… Porque no podía… Estaba subiendo mi propia cuesta arriba… Pero como yo te quise ese día… Tú no puedes saberlo, pero, así, como yo… ¡Ninguna de ellas te quería!
Juguetona.
Madrugá del viernes santo,
bajo una luna que brilla,
lágrimas derrama el cielo…
¡que las recoge Sevilla!