Dice mi madre que la vida se puede ver desde infinitos ángulos y por tanto, infinitas perspectivas, pero que la mayoría escogen sólo entre un par de lados… Por ejemplo, están los que ven la botella medio llena, o medio vacía, y que excepcionalmente, muy pocos, ella dice que entre esos pocos, sólo me conoce a mí, estamos los que sólo vemos que hay líquido, ¡Y es lo único que nos importa!

Desde niña he podido observar que, una de las formas de dividir a las personas, es distinguiendo los listos y los tontos.

Bueno, yo reconozco que también lo hago, como la mayoría; pero curiosamente, conozco a muchos tonto/as (a juicio de los demás) cuya extraordinaria inteligencia, a mí me ha sorprendido y me han enseñado aspectos valiosísimos y verdaderamente importantes para vivir, y por supuesto, listo/as, o listillo/as, más fácil de engañar que a un niño.

En mi barrio estaba Paco, “Paquito” para mí… Para muchos “El tonto del barrio”.

Paquito es síndrome down.

Ha jugado con más de cuatro generaciones distintas de chiquillo/as.

Era y es un niño de… 14 ó 15 años más o menos, aunque ya ronde los 60. Sus amigo/as siempre fueron niño/as entre los 10 y los 15, que cuando crecíamos lo olvidábamos y él hacía nuevas amistades con las nuevas generaciones… pero él nunca olvidaba a ninguno de nosotros… ¡Nunca! Tenía una prodigiosa memoria, podía decirte todas las alineaciones del sevilla desde los años 60 a la del 90 ¡Año, por año! Nunca aprendió a leer, pero cada semana compraba el teleprograma, como si de un rito se tratara, y no sé cómo, siempre sabía a qué hora y qué programa echaban por la tele…

Jugando al dominó ¡Era la pareja perfecta! y bailando ¡un líder! Se acopló a todas las tendencias; dominaba el flamenco, como el breack-dance, ¡incluso ganó una vez un trofeo en un concurso del barrio!

No le enseñaron a hablar, no fue a ninguna escuela, pero hábilmente sabía hacerse entender.

Él me contaba siempre los mejores y últimos chistes y sus piropos, para mí, nunca nadie ha logrado superar. ¡Era un gran seductor! Le gustaba mucho las chicas, ¡Muchísimo! Y halló la forma que todas rivalizáramos por él.

Tenía por costumbre acercarse al oído de las chicas y muy bajito te decía:

- ¡La número 4! (o la 6, ó la 2, pero NUNCA la número 1)

¡Todas queríamos ser la número 1! Nos poníamos todo lo guapa que podíamos e íbamos a verle, antes que a nadie, ¡Para que nos diera su puntuación! jejeje.

Todas pendientes de su aprobación y queriendo ser la primera, le mimábamos, le halagábamos, ¡le consentíamos hasta que nos pellizcara el trasero! Sin contar, que además, nos peleábamos para que nos enseñara nuevos pases del baile de moda… Nos rifábamos para ver quien tenía la suerte de ser su pareja de baile or un sólo día.

¡Y era tonto! ¡Ja!

Paquito, cuando me veía triste, siempre dibujaba una sonrisa en mi boca con sus dedos… Él la dibujaba y automáticamente yo sonreía…

Cuando era más pequeñaja, me decía, en su idioma, que yo siempre, no sé porqué entendía perfectamente:

- Juguetona, cuando pasen unos años, te saldrán tetas ¡Y serás la ama de estos capullos!! ;)

Cuando crecí, me decía cuando nos veíamos, que me parecía mogollón a Marta Sánchez, jejeje. Yo en agradecimiento me aprendía sus canciones para cantárselas a él. Y él, al oído me decía, que era ¡la segunda!

-Pero Paquito… ¿qué tengo que hacer para que me digas alguna vez que soy la primera??

- ¡Dejar que te coja las tetas!  :P

- 8O ¡Golfo! (¡Tortazo!)

- ¡La sexta, hala! :(

Hace unos años, Paquito, por primera vez se perdió… Durante 36 horas se movilizó media Sevilla buscándolo, hasta que le encontraron cerca del río, la carita achicharrada por el sol castigador del día y el frío de la noche; deshidratado, desorientado y… asustado…

Desde aquel día dejó de jugar primero, después dejó de hablar, después sus manitas se cerraron y tienen que darle hasta de comer… Perdió la audición, casi, casi, por completo y la vista totalmente…

Hacía muchísimo que no le había vuelto a ver.

El otro día fui a ver a mis padres y le ví sentadito en un banco de la plaza donde jugábamos cuando yo era una niña…

Me acerqué a hablarle, pero me dijeron que apenas oía. Le cogí la manita y empecé a cantarle al oído un antiguo tema de Marta Sánchez… Él sonriendo y casi ininteligiblemente, pero emocionado:

- ¿Juguetona?

¡Dios! ¡Cómo me alegré que se acordara aún de mí! No me preguntéis porqué, pero mi corazón empezó a saltar en mi pecho, como si acabara de reencontrarme con un antiguo amor…

Como tenía su manita cogida, la puse en medio de mi pecho, (en el canalillo, que se dice aquí en mi tierra :) ) en un gesto mecánico, como si pretendiera poder llenar su mano del sentimiento tan hondo, que sentí al notar que me reconocía, que, en algún rinconcito de su desconocido mundo interior, yo continuaba estando… Y que no era un muñeco, ni un vegetal, como me decían, sino que continuaba ¡vivo! y no había perdido la memoria…

Entonces él, cuando notó el tacto de mi canalillo, aunque no podía siquiera abrir las manos, riéndose musitó, aunque nadie más que yo le entendí:

- La primera… ¡La máh mejón!

Llorando, no sé ahora, si de alegría o de dolor, pero os juro que con todo mi amor y no por pena, ni lástima, le dí un besito en los labios… Fruto del calentamiento más dulce, paciente e inteligente, de cuantos seductores he conocido…

Yo, tratando de hacer una broma, después de besarle y pidiendo a dios que pudiera oirme y entenderme, le dije:

- ¡A buena hora, mangas verdes!

Y él contestó algo, que yo, tonta, no pude  entender entonces, aunque me lo repitió, esforzándose muchísimo, tres o cuatro veces… Hasta hace un ratito ¡Que lo he entendido! Y por eso me he puesto a escribirlo en mi Diario, para que no se me olvide nunca su lección de seducción… Me dijo:

- ¡Nunca es tarde, si la dicha es buena!!

¿Cuántos listos habrá, que logren alguna vez un cierre tan difícil y tan dulce como los que habrá conseguido en su vida “El tonto del barrio”?

Juguetona. ;)