Sans Adieu… Lunes, Oct 8 2007 

Él no lo sabe…

No puede saberlo,

porque no se entretuvo

en intentar conocerme.

Por eso se quedó tranquilo,

cuando me marché en silencio…

Absolutamente decepcionada…

Tristemente desilusionada.

Si al despedirme digo “Adiós”,

es seguro que vuelvo,

que me voy con ganas de más…

Apuesta lo que quieras,

¡Vuelvo! ¡Siempre vuelvo!

Pero si parto despacito y en silencio,

como dama francesa del XVIII,

es seguro que ya decidí no regresar…

Él no puede saberlo,

pero el tiempo y mi ausencia

se lo harán comprender…

Soy irreverente en mis entradas

y mis salidas…

Nunca llamo antes de entrar,

irrumpo, maleducada, en la vida

de los demás…

Y mis verdaderas despedidas

son así :

Sans Adieu…

Juguetona. ;)

¡Perdónale! Lunes, Oct 8 2007 

¡Qué guapo, virgencita del Rocío!!

Su pelo negro ha vuelto a crecer…

Esa mirada penetrante,

esos labios jugosísimos,

que apenas sonrien alguna vez.

Esa espalda erguida y robusta,

ese pecho anchísimo,

ese vientre plano y duro,

como su gesto…

Aquellos finales, rozando la perfección,

tanto de su vientre, como de su espalda… :P

Su voz, que susurra y ordena

al mismo tiempo…

Sus manos expertas en caricias,

que exploran y hallan tan fácil

lo que buscan…

¡Cómo siguen encendiendo mi deseo!!

Para colmo de mis males,

tomó mi cintura,

puso su mano morena en mi mejilla,

el monte de venus sobre mi hoyuelo

y los dedos en mi nuca…

Y depositó un beso despacioso y lento,

justo en la comisura de mi boca…

Con su voz autoritaria, me ordenó:

- Dame un beso… Nena…

Sólo Él me llama nena,

encendiendo en mis entrañas

un fuego que devasta y asola

mi cuerpo entero,

destruyendo todas las barreras,

por mí impuestas, para salvaguardar

mi serenidad y el autocontrol

de mis instintos más básicos…

Como una flor tiemblo.

Me convierte en flor

que se abre a la luz…

Una flor, más que húmeda,

empapada del rocío limpio y fresco

del torrente de mis ganas de él…

Me duelen mis ganas de él…

Me muerdo mis ganas de él…

Sufro en mis carnes

mis enormes y condenadas

ganas de él…

Y cuando me apretó contra su cuerpo,

en aquel abrazo,

familiarmente erótico,

brutalmente sexual,

y a propósito, porque me conoce bien,

me repitió al oído,

lo que siempre me decía

justo antes de hacerme al amor:

- Nena… ¡Qué rica me sabes!

Sólo se me ocurrió invocar a Dios

para mis adentros:

“Padre… Perdónale…

¡Porque no sabe lo que hace!!! :P

¡Que no vuelva a rozarme siquiera!

¡Porque no respondo de mis actos!

Que agua que no quiero darle a beber…

¡Qué pena dejarla así… correr!!  ;)

Juguetona.